Formado en el Centro Andaluz de Teatro (CAT) en una etapa especialmente fértil para la escena andaluza, bajo la dirección de Plaza, sus primeros años profesionales estuvieron marcados por el aprendizaje junto a grandes referentes del teatro español como Alicia Hermida, Julieta Serrano, Joaquín Hinojosa, José Pedro Carrión o Miguel Narros. Experiencias que, como él mismo reconoce, definieron su forma de entender el oficio desde la escucha, la disciplina y la honestidad sobre el escenario.
Durante cuatro años formó parte del Teatro del Noctámbulo, con el que giró por distintos escenarios con El hombre almohada, una etapa clave de crecimiento artístico y contacto directo con el público. A partir de 2012 inicia un camino más personal, estrenando Un hombre de suerte, de José Luis Alonso de Santos, un monólogo con el que continúa girando y que marca el inicio de una etapa de creación propia basada en el teatro cercano, esencial y profundamente humano.
En 2021 funda, junto a Julio Peces, Teatro de la Miseria, una compañía nacida desde la independencia absoluta y sin respaldo institucional, pero con una clara vocación de riesgo, continuidad y compromiso artístico.
Teatro de la Miseria apuesta por un teatro desnudo, sin artificios, donde el actor y el texto ocupan el centro
¿Cómo es la obra que estáis representando ahora, La Cosmética del Enemigo?
La Cosmética del Enemigo es una obra directa, incómoda y muy actual. Habla de la identidad, del miedo, de la culpa y del enemigo que todos llevamos dentro. Es un duelo interpretativo intenso, sostenido casi exclusivamente por la palabra y la tensión entre los personajes, aunque también tiene un marcado punto de humor negro.
En momentos muy concretos el público se ríe bastante, y esa risa funciona como un respiro y, al mismo tiempo, como un espejo incómodo. El humor no suaviza el conflicto, lo subraya. No busca respuestas fáciles, sino invitar al espectador a mirarse y a enfrentarse a sus propias contradicciones desde la emoción y la ironía.
¿Qué respuesta estáis teniendo del público?
Muy positiva, especialmente a nivel emocional. La gente conecta mucho con la obra: se ríe, pero también sale removida. Muchos espectadores sienten la necesidad de comentar lo que han visto después de la función, y para nosotros eso es fundamental. No buscamos solo el aplauso, sino que la obra continúe más allá del escenario.
“No buscamos solo el aplauso, sino que la obra continúe más allá del escenario”
¿Qué proyectos tenéis en marcha y cómo se presenta 2026?
Estamos trabajando actualmente en La lluvia constante y Gaviotas subterráneas, dos propuestas muy distintas entre sí, pero unidas por la importancia del texto y del conflicto humano como motor escénico.
2026 se presenta como un año de trabajo intenso y de consolidación, con la intención de seguir girando, llegar a nuevos públicos y afianzar una línea artística clara, creciendo sin perder identidad ni coherencia.
¿Cómo ves la situación actual del teatro?
Es compleja y, en muchos casos, frustrante para las compañías. Hemos tenido la suerte de entrar en circuitos andaluces como los de la Diputación de Cádiz o el Catálogo de la Junta de Andalucía, que en teoría deberían facilitar la circulación de los espectáculos. Sin embargo, ni siquiera estar dentro garantiza un número mínimo de funciones.
Al final somos las propias compañías las que tenemos que buscar bolo a bolo, llamar puertas, insistir y pelear cada función. Creo que hay un error de base: los circuitos públicos deberían garantizar un mínimo de representaciones mediante acuerdos reales con los municipios. Solo así el esfuerzo de las compañías podría transformarse en continuidad, sostenibilidad y algo de esperanza real para el sector.

“El teatro sigue siendo un acto de resistencia y de encuentro”
¿Se están apagando las voces críticas dentro de la cultura?
No se apagan del todo, pero sí se silencian o se arrinconan. Las voces críticas incomodan y eso tiene un coste. Aun así, la cultura siempre encuentra grietas por donde colarse. Mientras haya creadores dispuestos a decir lo que piensan y público dispuesto a escuchar, esas voces seguirán existiendo.
¿Quién es para ti el modelo de grupo teatral y del actor o actriz?
Admiro a los grupos que han sabido mantenerse fieles a una línea artística sin renunciar a la dignidad profesional. En cuanto a los actores y actrices, valoro especialmente a quienes entienden el teatro como un oficio colectivo, basado en el trabajo, la constancia y la verdad escénica, por encima del ego o la exposición.
¿Qué significa Ronda para ti?
Llegué a Ronda siendo muy joven y fue una etapa clave en mi vida. Aquí me formé, crecí y empecé a construir mi relación con el teatro. Después regresé a Estepona, pero desde hace cinco años vivo nuevamente en Ronda. Es una ciudad que me aporta reflexión, equilibrio y una forma de mirar más pausada. Ronda sigue siendo aprendizaje y raíz.
¿Y Estepona?
Estepona es mi origen. Nací allí y es el lugar donde desarrollé y consolidé gran parte de mi trabajo teatral. Aunque ahora vivo en Ronda, Estepona sigue siendo un espacio fundamental en mi trayectoria personal y artística, muy ligado a mi forma de entender el teatro desde la cercanía con el público y la comunidad.
Para cerrar…
“El teatro sigue siendo un acto de resistencia y de encuentro. Mientras haya alguien dispuesto a subir a un escenario y alguien dispuesto a sentarse a escuchar, el teatro seguirá vivo. Y mientras siga vivo, seguirá habiendo preguntas, pensamiento crítico y humanidad”.



