Curro Flores

Zona de tiro

Opinión

Muy a mi pesar, rezumaba en mi desatinos de tinta, antes de las municipales, la necesidad de elegir un sheriff, por la cantidad de balazos que habitaban en nuestra Costa. Ayer tomó escala de noticia de primera, la balacera que sufrieron tres viviendas de mi querido barrio de la Trinidad de Málaga. Los que frecuentamos sus calles durante la infancia y mis primeras tareas laborales, tenemos una patina de nostalgia y afecto por el barrio, amén de que me presté a constituir la primera asociación de vecinos, y que desde la Cooperativa de viviendas San Vicente de Paúl, nos tomáramos la devoción de construir viviendas sociales a los vecinos, ante la lamentable situación de sus hogares; lo que constituyó un éxito premiado nacionalmente al unisono de la célebre Cooperativa Industrial de Mondragón.

Muchas reyertas vecinales he vivido entre mis paisanos percheleros y trinitarios; pero lo más que se daban es un cate, aunque algunos, lo más raro, se atrevían a sacar una navajilla oxidada, porque el arsenal de los “vacilas” no daba para más.

El tráfico de droga y las pendencias entre los narcos, han abierto la espita a portalón batiente y con descaro; para que hacerse de armas de fuego, entra en el uso de las bandas organizados de delincuente.

Muchos nos cuentan los medios cada vez que nos espabila un suceso, pero por la fuerza de estas nuevas costumbres de barbarie, adquiramos el hábito del soslayo y la indiferencia.

Ayer los desconchones fueron de proyectiles en la Trinidad, otro día le tocará a otro barrio popular; o en los espacios de las élites de Puerto Banús. No se trata de recuperar el sereno, pero ya pertenece a las tareas más obvias de la gobernanza, tener un sheriff de esos que a cuerpo gentil desarman a los cuatreros.

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